Érase una vez el amor…

Érase una vez el amor...

Del libro “Érase una vez el amor pero tuve que matarlo”. Excelente.

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Límites delicados

No me encuentro enojada, estoy indiferente. 

Significa no que me hierve la sangre, sino que me está dejando de importar. Cuando te enojas porque crees que estoy enojada no pienso en tirar la barrera entre nosotros a gritos, simplemente me siento tranquila.

Ecuánime, porque no me altera el animo. Me es indiferente.

Es lo que ganas con la distancia, con la lejanía, con la indiferencia que pones en mi también. 

No entiendo porque te enojas, e igual no me importa mucho. 

El brillo

La soledad me pesa como me pesan muchas cosas en la vida, le quita siempre el brillo a mis sonrisas y la vitalidad a mi vida.

Siempre quise tener a alguien en el lado derecho, una mano la cual presionar en los malos momentos y alguien a quien correr presurosa en los buenos, un oído a quien contar, un cara a quien acariciar con ternura, el recuerdo que te hace sonreír por las mañanas, ese latido, cuando el corazón se descontrola para ver a una persona nuevamente y el derecho de reír y seguir riendo porque se es feliz de forma completa. Yo había logrado mucho para mi propia expectativa y había hecho mucho para mi bien más que el bien común, pero la vida que planeé era muy diferente a esta. No quería galardones ni gloria, no esperaba viajes lejanos ni una sed hambrienta de descubrir, no quería eso. 

Es un el mundo contra mí, sola, él mundo contra todo mi mundo que era yo. Me angustia ahora es no ser capaz de cumplir mis propósitos, porque si no logro obtener la gloria, entonces pensaré que mi vida no tuvo sentido, si la obtuviera entonces pensaría que todo requiere sacrificios y que tuvo que ser así. Que no quería estar sola pero las cosas fueron así, que mi corazón no se siente hueco solo por lo obvio, que todo tuvo que ser así por una gran razón.

La soledad me está aplastando de formas que antes no conocía, antes era sobre llevable, antes la esperanza podía con todo, pero ahora siento que caminar más me pesa y que sonreír no es lo mismo. Que es como algo que me sofoca y no me deja respirar, es como si estuviera muerta por dentro porque no estoy haciendo algo grandioso, si estuviera al menos cumpliendo con el que creo es el propósito de mi vida, creo me anclaría a eso y podría estar bien, pero ahora que simplemente veo pasar el tiempo esperando el momento adecuado para actuar, bueno, creo que me estoy descascarando. 

Pronto me quedaré posiblemente de nuevo sentada en un parque pensando que ha pasado por mis años, quizá decida irme lejos nuevamente más pronto de lo planeado. No hay nada que pueda llenar este vacío y solo estoy tejiendo cota a mi corazón para el norte, pero sé muy bien que no resistirá mucho. 

Rendirse no es la opción, debo encontrar la forma de que mi corazón se endurezca de tal forma que no sienta de nuevo desangrarme por dentro, he de encontrar la manera, cueste lo que cueste.