Sobre perdonar y no aceptar la disculpa

Él no me escogió y a menudo cuando lo recuerdo, puede que en alguna parte del mi corazón aún esté ahí, aún duele.

Pero aquello fue tanto tiempo atrás que ya no me provoca sentirlo, en ocasiones cuando lo veo venir voy hacia él con alegría; pero no confundiendo nada, una alegría que nace del perdón hacia alguien que te hizo daño, el comprender que a veces el amor puede ser más grande que los errores y los defectos.

Era lo que yo decía, pero para él no fue suficiente.

A pesar del daño, a pesar de que tuve que huir de casa y evadirlo para sanar mi corazón. A pesar de todos los pensamientos, a pesar del perdón, del costo de construirle una nueva sonrisa. A pesar de ello, de todo… él no fue capaz de olvidar. Él me quiso en un momento de su vida, confesó que cuando me veía no podía evitar sonreír. Una vez me dijo aquello, mientras tomaba mi mejilla entre su mano cuando le mostré que mis calcetines estaban desiguales y viéndome a los ojos solo dijo: “eres tan linda”. Yo lo quería en ese instante, tuve que pasar por muchas cosas para darme cuenta de que lo quería, de que lo que sentía era real y estaba ahí tan cerca de mí, mirándome de aquella forma y yo lo quería.

Y él jugó con mi corazón. Fue el desengaño de verse ahora envuelto en una casi relación y de ver que un amor que el añoró de repente se realizaba, luché con lo que tenía a pesar de que él negaba con todas sus fuerzas tener algo con ella. Lo negó hasta que no pudo más, pero ese no fue el golpe. Esa no es la razón, fue solo el origen.

Los cristales de cualquier sustancia se forman en un punto llamado núcleo, que puede ser cualquier cosa, una pelusa, una molécula, polvo… y ahí comienzan a crecer y crecer y se forman. El amor fue solo un núcleo, lo demás vino creciendo tan cual hasta que no pudo negarlo. Confesó que lo que tenía con ella era serio, me contó la historia, me contó otras cuantas, alabó mi valentía y entonces, me dijo la verdad. Dejó escapar una parte de su pensamiento escondida, recóndita e impensable. Yo olvidé algo significativo en el camino y que de algún modo éramos rivales porque nos dedicábamos a lo mismo. Confesó que él pensaba que yo no merecía nada de lo que tenía y ahí comenzó.

Él me acosó un poco más para quedarse satisfecho, no solo tenía el corazón roto, tenía además la perdida de un amigo. Me dijo el eslogan que me persiguió mentalmente, fue cruel: “bonita, inteligente y sin amor”. Pero a pesar de huir, a pesar de las lágrimas, a pesar del dolor; yo lo quería y era mi amigo, extrañaba a mi amigo. Cosa que nunca sucede, estaba dispuesta a olvidar…

Era lo que yo decía, pero para él no es suficiente.

Puedo yo olvidarlo, pero él no puede olvidar que lo dijo. No puede evitar esperar el momento en que yo tome venganza, no puede sentirse tranquilo. Debe haber algo oculto.

Es una lástima porque en verdad lo quería, pero no puedo ser una amiga de alguien que me teme de esa forma. Aunque lo comprendo, si eres de esas personas que olvida a la gente y suele enterrarlas mentalmente ¿por qué no habrían de tener miedo de ti?

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