Agonía

No espero flores, no espero nada.

Duele tener que sepultar mis sueños porque no puedo alcanzarlos, duele el saber que desperdicié años esperando algo que nunca pasará. Duele tener que soltar el aire entre mis brazos porque está vacío y solo estoy yo, sola como siempre he estado. Nada más.

No podrías entender la tristeza que apodera mi corazón, no podrías entender que al cerrar los ojos solo hay desconsuelo. Solo hay ese cielo inalcanzable en el que me engañé pensando. No soy nada, no soy suficiente, no estoy hecha para ello. Este corazón lleno de canciones que en vez de morir se consume en dolor, que espera para volcar su amor completo a borbotones… ya no puedo, este dolor me consume en una forma diferente en la que lo hace mi desesperanza. No puedo más. Nadie nunca, nadie, no existe esa persona, nunca nadie me mirará como en mis sueños y nunca nadie, jamás. Porque me lees y ahora sabes que existo, pero antes en antaño, nada… Estoy segura de que elegirías a todas antes de a mí y eso está bien. Ni siquiera tengo a alguien para morir entre sus brazos.

Este es el caos en que vive en mi alma, en mi ser nacido en la nostalgia. Este es el dolor que me tiene viva deseando la redención. Volver a la nada.

Quiero tomar mi corazón y hacerlo yo misma trizas. Quiero ver toda la sangre a mis pies… Quiero respirar, quiero parar esta oscuridad que me ahoga. Quiero quitarle las maneras de hacerme daño, quiero encontrar mi arma definitiva.

Silencio.

Por favor, no puedo con más agonía.

 

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Sobre extrañar

Creo que es común de todas las personas, a veces, expresarse con esa frase tan trágica “sentirse solo con alguien a tu lado, o sentirse solo en medio de tanta gente”, como dice la canción.

Yo, me siento sola con mucha frecuencia es uno de mis clásicos, pero no me gusta estar sola, no me gusta la sensación de vacío en la que se ve envuelta mi corazón cuando la soledad viene. Es terrible porque comienzo a extrañar cosas que no puedo tener de vuelta, y no por discusiones sino porque no pueden regresar, no importa lo que haga porque también los momentos cambian los sucesos y el futuro no puede ser pintado de la misma forma.

Por ejemplo, hubo un tipo que me hizo mucho daño. Yo lo consideraba mi amigo y lo quería también como más que ello; con frecuencia él me abrazaba cuando me veía, a veces colocaba un beso en mi cabeza, me mecía y yo me sentía protegida, amaba verdaderamente que él me abrazara sentía que podía estar ahí por siempre. Él decía cosas bonitas para mí, una vez cuando le conté que sin querer me había puesto un par de calcetines desiguales acarició mi mejilla y con una sonrisa me dijo “que linda eres”. Él también me engañó diciéndome que no salía con nadie cuando meses atrás llevaba una relación de amigos con una chica con la que iba para algo más y todos lo sabían, yo no me enteré porque prácticamente vivo en una ostra aislada del mundo. También intentó decirme que no era verdad cuando yo sabía que lo era, fue ese mismo que el día en que rechazó mis sentimientos hizo algo más grave: las heridas del corazón son comprensibles, sabía que él no me querría por siempre y reaccioné tarde; pero entonces criticó mi estilo de vida y la forma en que veía el futuro, afirmó que todas las cosas que consideraba inadecuadas eran reflejo mío. Sus palabras me hirieron más que un corazón roto, luego su abrazo siguió, posesivo y mientras ya le pertenecía a otra afirmaba extrañarme, pero cuando estaba junto a ella no me respondía el saludo. Él me dijo el slogan más simpático y dolente que nadie me dijo jamás: “tan bonita, tan inteligente y sin amor”. Uno que nunca voy a olvidar. Lo perdoné porque él después de un tiempo se dio cuenta de que mis palabras no eran en vano. En momentos tristes, me gustaría correr a él y que me abrazara como en antaño, sin peleas previas, sin novias a las cuales evitar molestar, como era antes pero eso no es posible. Entonces la sensación de vacío es más grande.

Una vez, tuve a una persona que me dijo que prefería morir antes de que lo separaran de mi lado. Que éramos más que almas gemelas, parte de una misma alma. Él me suplicó amor y yo accedí a dárselo, él escondía sus pesares para que yo no los viera. Me besaba con dulzura y afirmaba que yo era la única razón de su cordura, pero a la vez en mí nacía otro tipo de locura suya y es que no podía evitar sentir que estaba loco por mí. Me contaba sus sueños de un futuro juntos, un futuro que nunca quise acariciar por verlo prematuro, pensaba “cuando tengamos hijos… cuando tengamos nuestra casa… cuando nos casemos…”. “Sí tú no hubieras entrado en mi vida hace mucho tiempo que me hubiera muerto”. Esa clase de frases trágicas que a algunas personas les gusta escuchar. Entonces él se fue, dijo que quería ser mi amigo todavía y sin embargo a las dos semanas me acusó de tratarlo con demasiada familiaridad. Hicimos una ofrenda de paz que sirvió para un reencuentro más y desde eso no nos hemos visto. A veces, en tiempos de soledad extraño su consejo, extraño la sensación de poder contarle a alguien lo que hay dentro de mi alma y que esté dispuesto a escucharlo, extraño sus respuestas trágicas de adolescente confundido con algo que cree es amor. No tengo quien escuche mis frases agónicas sin juzgarme.

Una vez, tuve a alguien que me miraba todo el tiempo. Me miraba como si sintiera un profundo amor, era tanto su ensimismamiento que todo el mundo lo notaba, todo el mundo me decía “ey, hay alguien ahí que no para de observarte”. Él no me hablaba pero lo intentaba, mi cercanía lo ponía nervioso, lo hacía reír, era extraño. Un día simplemente me dejé llevar y sentí amor, esos ojos me miraban como el primer día, mi pecho se llenó de un inmensurable sentimiento. Pasaron los días y el amor creció, dejamos de vernos y el amor creció, mis esperanzas y mis sueños. Soñé un mundo, me sentí amada por primera vez. Él no me mintió pero no me dijo la verdad completa, verla frente a mi no hizo más que evidente la soledad, extraño la forma en la que sus ojos me observaban, extraño sentir que el amor en mí me hacía explotar de mil formas. 

Yo puedo estar en una tarde con amigas, puedo estar rodeada de familia. Pero después… solo quedo yo, y a veces la sensación es tanta que no puedo evitar extrañar esos dejos que me hacían sentir que alguien me necesitaba, porque ahora sé que la única que debe necesitarse soy yo. Por favor soledad, no me tragues, hace mucho que espero consuelo, si me hubieras querido para ti incluso… hace mucho que me hubieras llevado.