Pequeñas cosas

Es interesante a veces lo poco que puede hacer feliz a un corazón.

Yo estoy aquí, él está allá y nada nos une, ya no hay el pretexto de una oración que comenzamos, podríamos habernos olvidado del saludo en aquella noche de celebraciones, las palabras dichas en silencio en aquellas noches de fiesta.

Pero el contacto, aunque sea lejano, aunque ya no signifique lo que antes significaba aún es importante. Es por eso que saber que estás del otro lado aún, que no me olvidas me es confortable. Tu recuerdo es confortable.

Mis recuerdos aún recientes sobre ti oscilan de vez en cuando en mi mente, el corazón aún se mece ante esos sentimientos vividos, ya no presentes como antes pero ha cobrado vida en el pasado, para hacerme sonreír de vez en cuando en el presente.

No olvido las caminatas, las palabras, no olvido tus manos, no olvido aquella noche en aquella hermosa ciudad donde para mí comenzó todo, aquello que no tuvo nombre porque carecía de definición.

Pero dentro de la ausencia y el vacío de ella, con la vergüenza involucrada y todo, creo que fuimos aunque sea un poco más felices de lo que hubiéramos sido si no hubiéramos coincidido. Aún ahora y en esta situación, sigues haciéndome feliz con pequeñas cosas.

Me consuela pensar que lo que nos afectó a ambos fue real y que ahora puede ser algo diferente. Quédate conmigo, sé mi amigo y contémonos nuestras historias.

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Muerte

Cuando estuve lejos, aprendí que no necesitas morir para hacerlo. 

Existen muchas formas en que la gente puede morir, puede morir ante los ojos de los demás de forma física, puede morir en tu corazón y puede renacer entre la adversidad.

Es extraña la sensación de querer mucho a una persona o a un grupo de personas, no es algo común tomarle cariños gigantezcos a gente que nunca habías visto en tu vida y que de repente, se muestran como el centro de ésta. Pero ese es un gran defecto, a veces la gente no te da razones para confiar en ella y aún así, confías. 

Cuando me hirieron el alma de gravedad no me quedo más remedio, podía quedarme ahí y desfallecer o salir revolcándome en mi inmundicia, estaba ahí tirada llorosa y medio muerta por dentro. Mientras por fuera solo era una mujer sola sentada con un café y un pay de manzana en un McDonalds con una pizca de angustia. 

Pero pasara lo que pasara, nunca debes permitir que otros te hieran de formas que se salgan de tu control, no debes otorgarles a extraños el poder de hacerlo. Fue en esa tarde frente a todo que descubrí que hay formas que no pueden ser perdonadas, fue en ese regreso que vi que la angustia no podía ser perdonada. Acorralada, perdida y rechazada, no puedes perdonar el verte enjaulado en ti mismo por temor a que te juzguen, nadie tiene el poder de juzgarte y como yo nunca juzgué a ninguno… pensé que que ellos no me juzgarían. 

Gran error, la gente no suele sentir ni tenerte la buena fe que tú puedes tenerles a ellos.

Entonces todos los recuerdos se hicieron en gran medida irreales, toda la incomodidad se hizo latente y deseé odiar a cada uno de ellos para crearles grandes venganzas que satisficieran al monstruo que cuidaba a la pequeña bestia del alma que no paraba de llorar, que no podía curarse una herida porque veía otra más grande. Pero no pude, porque en mi naturaleza nunca estuvo sentirles odio, los quise, fueron agradables aunque ahora me pareciera que todo fue una actuación, fue cuando decidí matar a todos en mis adentros.

No significa que se fueron, irse es como tener la posibilidad del regreso, es como dejar vacante un espacio y tener la oportunidad del retorno. Ellos simplemente fallecieron frente a la dominante intelectual de mi interior, no fueron asesinados, solo murieron con sus tumbas en un lugar distante que es el recuerdo que prevalece. Es cuando me paro a leer sus epitafios que me viene el recuerdo: el izquierdista, el creído… los adjetivos que nunca les puse en vida estaba ahí para recordarme quienes eran. El amor es como una flor y cuando la pisas pudiera volver a crecer, pero cuando la arrancas es otra historia. Yo arranqué mi amor por ellos y le quité la raíz antes de enterrarla con su recuerdo, para que no creciera nunca más. 

Es extremista, pero hay cosas que no puedo perdonar. La angustia en la pequeña bestia está ahí, el recuerdo no puede ser cambiado. Fue así como maté a alguien por primera vez, aún en la fantasia. 

Y ahora heme aquí, después de la muerte y con las uñas llenas de tierra de entierro. Solo desfallecí para nacer de nuevo, entonces morí de igual forma, como las personas que ocuparon mi cementerio. Harté de lloriqueos, tome el camino de regreso y viví. Algún día el cuerpo dentro de las fosas se volverá parte de la tierra, entonces el recuerdo se marchitará para siempre.

No necesitas morir de forma literal para morir, no sé si es la primera vez que muero o he vivido más vidas de las que recuerdo