Agonía

No espero flores, no espero nada.

Duele tener que sepultar mis sueños porque no puedo alcanzarlos, duele el saber que desperdicié años esperando algo que nunca pasará. Duele tener que soltar el aire entre mis brazos porque está vacío y solo estoy yo, sola como siempre he estado. Nada más.

No podrías entender la tristeza que apodera mi corazón, no podrías entender que al cerrar los ojos solo hay desconsuelo. Solo hay ese cielo inalcanzable en el que me engañé pensando. No soy nada, no soy suficiente, no estoy hecha para ello. Este corazón lleno de canciones que en vez de morir se consume en dolor, que espera para volcar su amor completo a borbotones… ya no puedo, este dolor me consume en una forma diferente en la que lo hace mi desesperanza. No puedo más. Nadie nunca, nadie, no existe esa persona, nunca nadie me mirará como en mis sueños y nunca nadie, jamás. Porque me lees y ahora sabes que existo, pero antes en antaño, nada… Estoy segura de que elegirías a todas antes de a mí y eso está bien. Ni siquiera tengo a alguien para morir entre sus brazos.

Este es el caos en que vive en mi alma, en mi ser nacido en la nostalgia. Este es el dolor que me tiene viva deseando la redención. Volver a la nada.

Quiero tomar mi corazón y hacerlo yo misma trizas. Quiero ver toda la sangre a mis pies… Quiero respirar, quiero parar esta oscuridad que me ahoga. Quiero quitarle las maneras de hacerme daño, quiero encontrar mi arma definitiva.

Silencio.

Por favor, no puedo con más agonía.

 

Sobre las crisis de vanidad

Como parte de mi crisis de los 20 (así he decidido llamarla), me ha entrado un desvergonzado anhelo de conservar la belleza que tengo (dentro de mi percepción) y acentuarla de ser necesario. De ser la típica niña que se ponía crema solo cuando se la cruzaba y cuyo único régimen de conservación era desmaquillarse cada noche con leche limpiadora y aprovechar esos cupones de spa a mitad de precio de vez en cuando (solo una vez ha decir verdad); me he vuelto un poco esclava de la mercadotecnia que lleva un ideal de belleza.

Siempre tuve sueños principezcos, me imaginé siempre en otra vida como una duquesita educada, rica que se dedicó solo a sí. En un momento de mi vida, tenía el anhelo inconfesable de ser una mujer florero, esas esposas que son preciosas y cuyos esposos las llevan a mostrar a sus amigos con orgullo, de esas que se saben el manual de Carreño desde la primera página (ya lo he leído, obsesión por la realeza resalto), visten elegantemente y cuya función es únicamente embellecerse, conservar esa belleza y educar a los hijos (labores del hogar jamás, estás manos se percuden). Era un deseo vano, pero en ese tiempo pensaba que era lo más cercano a ser alguien de la realeza en la actualidad. Es por ello que cuando leía las penas de las cortesanas de Balzac y describía a Esther siendo una belleza porque su única función era procurar cuidados, había algo que suspiraba dentro de mí, ese ente banal que habita en nosotros cuya único propósito es recordar todo lo que somos con egocentrismo. 

En la crisis de los veinte, me veo tomando dos cápsulas de 100 ui de Vitamina E, como antioxidante claro está, para prevenir las futuras arrugas y no tomo el de 400 ui porque sería demasiado, son hiposolubles, tampoco hay que abusar. Uso un acondicionador a base de aceite de oliva para los risos, cada semana embalsamo mi cabello con aceite de almendra para darle brillo, duermo toda la noche y enjuago. Cuido su recorte para que no le salga orzuela hasta calendarizando. Con respecto al cuidado de mi cara, me aplico exfoliante a base de ácido salicílico cada semana con su respectiva mascarilla de barro. Me desmaquillo con leche limpiadora y tengo un limpiador especial para ojos, también uso loción de estabilización del pH y crema día y noche para la hidratación. Tengo una esponja exfoliante para la piel, y muchas lociones para después del baño; como la crema corporal siempre se me olvida, me he comprado una que se aplica en la misma ducha. Crema especial para manos con aceite de rosas, para unas manos de profesionista diría mi abuelo, manicura y pedicura, pintado de uñas semanal si es posible. Exfoliante para pies con cáscara de nuez, crema para asperezas, crema para humectar. Spray de brillo para el cabello, iluminadores, crema texturizante, un rimel que me deja las pestañas estilo Twiggy, crema refrescante para ojos. Ahora me planteo comprar un tratamiento de conservación de pestañas y quizá un restaurador de puntas, polvos translúcidos y muchos colores de delineadores. Una amiga me va a dar un curso de maquillaje pronto y viva la vanidad.

No sé si la gente común hace tantas cosas, si es así, entonces creo que estoy atrasada con todo. Encuentro una rara satisfacción en mi cuidado, probablemente viene del hecho de que me sentí profundamente mal cuando una amiga me dijo que había pagado el extra de equipaje porque tenía que traer todos sus cremas de cuidados, yo no me había llevado ni una miserable gota; me sentí todo menos una mujer cuidadosa y luego viene alguien a decirme que mis manos están un poco ásperas, crisis de los 20. Quizá todo también es parte del sueño de ser una princesa que me planteé, tengo problemas con las compras o claro está, es mucho más entretenido cuidarse que sentarse y pensar, que uno está profundamente solo por dentro. Mejor nos aplicamos rubor y pensamos que somos bonitas, un poco de cabeceo hueco no queda mal, al fin y al cabo ¿no es a veces lo que los hombres quieren?

No soy banal, tampoco vanidosa, solo soy una persona que a falta de ocupaciones, aunque lo que haga no cree grandes cambios (puesto que la juventud es alta, no uso cosas que la dañen en producción y no requiere gran ayuda) se siente bien cuando se mira al espejo, eso es lo importante.

Oh crisis de los 20 o vanidad, no lo sé, que no sea patológico por favor.