Agonía

No espero flores, no espero nada.

Duele tener que sepultar mis sueños porque no puedo alcanzarlos, duele el saber que desperdicié años esperando algo que nunca pasará. Duele tener que soltar el aire entre mis brazos porque está vacío y solo estoy yo, sola como siempre he estado. Nada más.

No podrías entender la tristeza que apodera mi corazón, no podrías entender que al cerrar los ojos solo hay desconsuelo. Solo hay ese cielo inalcanzable en el que me engañé pensando. No soy nada, no soy suficiente, no estoy hecha para ello. Este corazón lleno de canciones que en vez de morir se consume en dolor, que espera para volcar su amor completo a borbotones… ya no puedo, este dolor me consume en una forma diferente en la que lo hace mi desesperanza. No puedo más. Nadie nunca, nadie, no existe esa persona, nunca nadie me mirará como en mis sueños y nunca nadie, jamás. Porque me lees y ahora sabes que existo, pero antes en antaño, nada… Estoy segura de que elegirías a todas antes de a mí y eso está bien. Ni siquiera tengo a alguien para morir entre sus brazos.

Este es el caos en que vive en mi alma, en mi ser nacido en la nostalgia. Este es el dolor que me tiene viva deseando la redención. Volver a la nada.

Quiero tomar mi corazón y hacerlo yo misma trizas. Quiero ver toda la sangre a mis pies… Quiero respirar, quiero parar esta oscuridad que me ahoga. Quiero quitarle las maneras de hacerme daño, quiero encontrar mi arma definitiva.

Silencio.

Por favor, no puedo con más agonía.

 

Dejarse llevar

Me hubiera gustado habernos dejado llevar y haber tenido una corta historia, aunque fuera de 2 páginas, en vez de tener tantas líneas de agonía como fue en realidad.

Pero creo que porque eras así y no te gustaba la idea de surcar algo que no conocías era lo que me gustaba de ti, no me conocías tampoco y todo te causaba escalofríos.

Pero por momentos podía ver en tus ojos que me querías de alguna manera, que había algo que era capaz de agitar tu corazón y eso me servía a veces de consuelo, para cuando al verte mi corazón se encogía.

¿Qué tenías tú que me hacías feliz en un momento e infeliz en tan poco tiempo? Había algo en ti, que no sabía que era, pero al verte y al estar contigo, al escucharte y verte sonreír, estando cerca, sentía que era algo que quería recordar toda la vida.

A veces recuerdo tus palabras, acerca de que el destino fue el que quiso encontrarnos, no sé si te lo preguntes, pero me gustaría saber porque.

Pero nunca sabré cual fue la profundidad de todo lo que sucedió, si ello marcó tu vida. Nunca lo sabré porque aunque el destino vuelva a juntarnos, es algo que no volveremos a vivir.

No me quedaré aquí preguntándomelo.