Soledad en días cotidianos

Algunas veces en ciertas situaciones de mi vida, a mi mente viene una pequeña melodía triste a acompañarlas, como si tuviese mi propio acompañamiento musical en el fondo. Existen situaciones que me recuerdan en donde estoy parada y como en el presente, soy embargada continuamente por una triste soledad. La soledad es relativa, dicen que puedes estar solo entre toda la gente y eso es así, puedes un día encontrarte que sientes que no hay nadie en el mundo a quien quisieras recurrir (plenamente diferente al poder) y en verdad, es como si no conocieras a nadie y nadie te conociera, ni tus lamentos, ni tus porques. Nadie ahí fuera a quien sonreír en un día nublado o a quien recurrir en una tempestad. Nadie.

A lo largo de mi vida, jamás he podido luchar con la oscuridad albergada dentro de mi corazón, continuamente me he sentido sola incluso mientras alguien me sostenía la mano. He escuchado te quieros en mis oídos esperando que el corazón me saltara, pero no sucedía. Es algo común en las personas cuya soledad les ha embriagado al grado de menguar los sentidos, no hay creencia en los demás, solo los sentimientos propios. Las acciones no comprueban nada, porque se pueden dar por el entorno, no ser capaz de leer sinceridad en otros. No soy capaz de creer que alguien pueda quererme de verdad, simplemente ese sentimiento no llega a mi corazón si es que está ahí.

Nunca le creí a nadie, solo sonreía mientras por dentro lo escribía para intentar no olvidarlo, pero se volvía un cruel recordatorio de la insensibilidad de mi interior “te quiero y aunque tú digas que también, no puedo creerte…”. No me aferraba a nadie porque una parte siempre estaba lista para partir, para comprobar la teoría del desamor eterno que viene de fuera. Un “te lo dije” constante. Es hora de partir, oh abandonado.

A veces solo esperaba, que el tiempo con sus sinsabores me dijera la verdad a la cara “¿Estaré siempre sola?” era la pregunta “¿o decidiré estarlo por no creer que pueda arrancarle el latido a otro corazón?” se volvió el final de ella. Una vez creí desdibujarme en unos ojos, creí encontrar amor escondido en ellos. Describía románticamente “es que cuando esos ojos me miraban, era como si vieran al mundo”. Pero luego comprendí que hay diferentes formas de amar, que la admiración puede lucir como amor verdadero, que puedes estar esperando que ese amor regrese y no volverá, porque el querer que inspira la admiración puede ser a distancia y es más filial, es solo el espejismo que puede entreverse en la mirada humana. 

“Ese solo desea ser tú” dijo la gente y esa persona cuando no me encontró perfecta se desvaneció a pesar de lo ardiente que era su querer que confesaba. Se fue cuando la luz dejó de brillar, porque la luz era lo que ambicionaba, no la persona que la alimentaba. El placer es más interesante que explicar las razones por las que el brillo de repente se desvanece, es más llevadero que esperar a que la luz regrese. 

“Soy un ser de paso” eso me lo dije yo. Él sonreía a mí porque era diferente, no es que me quisiera, solo era una tonta que quiso tenerle cerca. Al menos él era sincero, expresaba en voz alta lo que le desagradaba, no le gustaba tomarnos las manos por encontrarlo antinatural. Era mi sentimiento él que me hacía feliz, no él de él, si por él fuera no nos hubiéramos encontrado más que lo fortuito, eso era lo que deseaba. No fue un engaño, al menos ahí gocé de la verdad frente a mis ojos. Marqué bien el día de ida para no regresar, él lo supo y pudo despedirse, no había más palabras que intercambiar entre nosotros.

“Él siempre te ha querido” susurraban las personas. Solo había felicidad en las bocas presagiantes ante la nueva nueva, él te quiere, él siempre te ha querido. Eran las palabras que salían siempre a relucir, pero él no me quiso y por el contrario si me dejó con verdades dolorosas saliendo de sus labios. Él quería un futuro como él que yo formaba pero no era capaz de alcanzarlo. Se sentía molesto y se fue de mí, dejándome un sin sabor y la nostalgia de un abrazo largo entre los dos.

Todas las historias son así, antes tenía el consuelo de haber visto aquella mirada. Pero pronto todo se deshizo, entonces no quedó precuelas que pudieran presagiar un buen futuro. Soy incapaz de creer que alguien puede quererme, cuando me lo dicen solo sonrío y respondo sincera, mientras espero que un día la oscuridad de mi alma se apiade de mí y decida dejarme o absorberme por completo. Para dejar de tener esa música triste en días cotidianos, en días lluviosos, días soleados, para tener certeza y no seguir simplemente, sonriendo un “no te creo”.

Hace frío, o es el frío de adentro que está hablando.