Thomas Wyatt, poema

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Hoy huye de mí

quien se acercaba antaño

con los pies descalzos
a las puertas de mi cuarto.

Era dulce, dócil y fiel,
Y hoy es cruel.
Ya ni siquiera recuerda
Que a veces se ponía en peligro
Para venir a comer de mi mano.

Hoy deambula
Buscando tan sólo un cambio constante.

Hoy huye de mí
quien se acercaba antaño
con los pies descalzos
a las puertas de mi cuarto.

Se llevó la fortuna
que mi dicha en otro tiempo
fuera veinte veces mayor.

Pero hubo un día, en especial,
cuando la vi ante mí con fríos atavíos
y vi caer su ropa
desvarando por sus hombros
y me tomó en sus brazos tan suaves
y luego dulcemente me besó
y dijo en queda voz:
“Mi amor, ¿te hago feliz así?”

Y no fue un sueño,
estaba bien despierto.
Pero hoy deben cambiar mis sentimientos
y convertirse en una extraña forma de olvido
y debo renunciar a su bondad.

Pero puesto que,
a ella le entregué mi pasión y mi alegría,
querría saber hoy,
Si en verdad lo merecía.

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